Varón y hembra desde el nacimiento

Habló Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: La mujer cuando conciba y dé a luz varón, será inmunda siete días; conforme a los días de su menstruación será inmunda. Y al octavo día se circuncidará al niño. Mas ella permanecerá treinta y tres días purificándose de su sangre; ninguna cosa santa tocará, ni vendrá al santuario, hasta cuando sean cumplidos los días de su purificación. Y si diere a luz hija, será inmunda dos semanas, conforme a su separación, y sesenta y seis días estará purificándose de su sangre.

(Levítico 12:1-5)



La ideología de género enseña entre otras cosas que el sexo de la persona es una construcción social, es decir, que el niño es niño porque la sociedad lo empuja a ser varón, por ejemplo, jugando con carritos o vistiéndolo de color azul; lo mismo sucedería con las niñas, las cuales serían empujada por la sociedad a ser niñas, jugando con muñecas o vistiendo de rosa. Pero la Biblia es clara al enseñarnos que Dios nos creó varón y hembra desde el nacimiento, "Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó." (Génesis 1:27).


En Levítico 12, la Palabra de Dios habla de la purificación de la mujer después del parto. La ley enseña que la mujer debía purificarse 33 días si el bebé era varón y 66 días si fuese hembra. En este pasaje de la Escritura leemos implícitamente que existe una diferencia natural entre el varón y la hembra desde el nacimiento. La purificación a la que la mujer debía someterse dependía del sexo del bebé en el momento del nacimiento. Esto nos enseña que las personas tienen el sexo definido desde el nacimiento, se nace varón o hembra, y no nos hacemos varón o hembra empujados por la sociedad, según enseñan los defensores de la ideología de género.


Los cristianos debemos estar claros en esto, que Dios nos creó varón y hembra desde el nacimiento, y es nuestra responsabilidad enseñar y defender esta verdad bíblica, y debemos hacerlo con gracia y amor. Recordemos que aunque Dios aborrece el pecado, Él ama al pecador, y pecador es aquél que pretende asumir un sexo que no le corresponde de nacimiento, pero también tu y yo somos pecadores, "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. (Juan 3:16-17).

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